A mi madre

Del regazo de olas que me abrigaba, y el hombro cálido donde apoyé mi cabeza cuando era niño, nacieron los besos que tendemos a olvidar, nacieron las palabras que labraron mis sueños. De las caricias calladas de tu amor que es mar, de tus pasos sigilosos que abrazaban mi agonía, siento nostalgia y lloro por dentro. Y después vivo; vivo más lejos que el tiempo, siento más lejos que esos besos que ahora faltan en mi carne y que me das con los ojos. Y me vuelvo a arropar con el manto de tu noche. Aunque mi pensamiento viaje lejos y se pierda en mil vanidades, siempre encuentro tu mirada plena, etérea y pura, madre de mi alma.

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