Luna de lino

Por todas vuestras felicitaciones os regalo un poemita que escribí a mi hija Laura, para que se lo recitéis esta noche a vuestros hijos, sobrinos, nietos, o simplemente para que sigáis siendo niños.

Luna de lino y lilas,

lías la lana,

luna iluminas lirios

labios y nanas.

Hola luna lunera,

lírica línea,

luna cascabelera

luciente lima.

Luna, lazo lunático,

celeste lona,

lanzas lágrimas blancas,

lames las olas.

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Todos somos París

Una mañana más teñida de sangre, de la sangre de los inocentes. Alá ¿Dónde coño tenéis a vuestro Alá? ¿Acaso ha venido a redimiros? Todo es una auténtica mentira. Estáis completamente engañados, porque Alá es el dinero, Alá es el petróleo. Y os lavan el cerebro para que muráis por nada y para nada. Para que os llevéis almas que lo único que desean es vivir lo mejor que pueden con sus problemas diarios, con sus miserias y sus breves felicidades.

Ya derramamos suficiente sangre entre nosotros, para darnos cuenta de que lo único que importa es ser libres, y ahora venís vosotros para matarnos, para intentar robarnos la libertad e inocularnos el miedo.

Los que ayer estaban disfrutando del partido de fútbol solo iban armados de la ilusión infantil y extraordinariamente banal de ver al equipo de su país. Los que acribillasteis en aquella discoteca solo iban a pasar la breve noche con sus parejas y amigos volando con su grupo favorito. Y volaron, volaron viviendo, mientras que vosotros habéis muerto muriendo de rencor, de envidia y de falso orgullo, por ese dios soberbio y criminal al que os debéis.

Nos matáis porque pensáis que somos culpables de vuestras desdichas, porque vuestro Alá no es capaz de mirarse el ombligo. No somos soldados, no somos gobernantes que toman decisiones, sí, muchas veces injustas, crueles y criminales con vuestros pueblos. La mayoría de nosotros solo buscamos la felicidad efímera en este complicado mundo; otros ansiamos la transcendencia y buscamos permanentemente un Dios que se esconde, que se aleja, y sentimos que debemos creer en su invisibilidad, y además nos ponemos en vuestra piel, y aunque estemos lejos, intentamos entender vuestros sufrimientos, muriendo en nombre de vuestra nada.

Ellos no lucharon con bombas, con tanques, con kalashnikovs… Ellos estaban desnudos, pero cubiertos con el manto de la libertad, desprevenidos y despreocupados, como ha de ser, como hemos de vivir. Y han muerto libres, no como vosotros que habéis muerto esclavos.

Vuestra “espiritualidad” está enterrada y cubierta de sangre de inocentes. El hoyo de esclavitud cada vez es más profundo en esta guerra desproporcionada, aberrante y criminal.

Es una herida muy grande en nuestros corazones, como otras muchas que venimos sufriendo, cuando pensábamos que la razón había acabado con la superstición y los fundamentalismos. Cuando creíamos que el mundo había superado sus miedos y despertaba sano y salvo de los terrores antiguos.

Ahora la tiranía es más horrenda y se transmuta en esa mentira tan atroz, cruel y criminal llamada yihad.

Todos somos París.